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La Coctelera

SOÑAR DESPIERTOS, CRECER SOÑANDO OBJETIVO: TOMBOUCTOU

26 Agosto 2007

LOS ÚLTIMOS INDÍGENAS

Segou, a 25 de Agosto de 2007

- El oro viene del sur, la sal viene del norte, el dinero, del país del hombre blanco, pero la palabra de Dios, las cosas sagradas, solo puedes encontrarlas en Tombouctou. -

Esta frase resume para mí la esencia de los grandes mitos, porque ahí, en la eternidad de su leyenda, sobre los lugares inalcanzables, es donde el hombre trasciende en lo sagrado, se aleja de la materia y levanta la posada de sus dioses. Ninguna utopía paga por sus servicios y Tombouctou es uno de esos horizontes hacia los que hay que caminar sin esperar nada a cambio. Sin embargo, si sabes esperar y estas dispuesto a aceptar la incertidumbre como compañera de viaje, siempre tiene algún presente reservado para aquellos viajeros que osan asomarse a sus misterio, regalo que, en mi caso, tuvo por nombre Los últimos indígenas.

Francisco Giner Abati, Pablo Calvo y Patricia Lobato forman el equipo de la expedición que, durante seis meses, recorrerá diecinueve países del continente africano documentando diferentes tribus autóctonas. Abati, profesor de la Universidad de Salamanca, lleva veinte anos recorriendo el Mundo realizando esa labor por los cinco continentes; Pablo es el operador de cámara y el responsable de toda la logística de la expedición y Patricia, novia de Pablo, es psicóloga y esta haciendo tres investigaciones sobre género en África. Los conocí paseando por Tombouctou y desde el primer momento sentí que algo acababa de comenzar, la historia que estaba gritándome desde aqui y que, desde luego, era un paso inevitable en el transcurso de mi viaje.

Estaban alojados en el mismo hotel que yo asi que los buenos ratos no tardaron en llegar: un atardecer en el Sahara, una maravillosa tertulia bajo un cielo estrellado, una negociación inolvidable en la jaima de unos tuareg, momentos que hicieron de los días en Tombouctou unas jornadas únicas. Pero el destino nos tenia reservadas muchas mas sorpresas aun.

Abati tenia la misma cámara que yo y apenas sabia manejarla asi que pronto nos encontramos con la D200 por excusa. Casualmente ese día la rompió y se quedo sin reflex. Pablo, por su parte, necesitaba capturar horas de video y editar un montaje para la gente que actualiza la web en España, asi que decidieron quedarse a dormir un día más en Tombouctou mientras nuestros pasos se iban acompasando al mismo ritmo y en la misma dirección. Yo tenía previsto volver a Mopti al día siguiente para, desde allí, tratar de alcanzarla frontera con Burkina Faso en un par de jornadas. Les propuse bajarme con ellos y aceptaron encantados.Así empezaron los días mas increíbles de todos cuantos viví en este país.

Nos llevo mas de cuatro horas recorrer los casi doscientos kilómetros de pista que separan Tombouctou de Douentza, una población que se encuentra al norte de la falla de Bandiagara y desde la que se coge la nacional que atraviesa Malí y llega hasta Bamako pasando por Mopti. Yo iba en el coche de Abati, un tipo difícil de prever, dubitativo como una veleta y voluble cual pluma al viento. Cuando llegamos al asfalto comenzó un dialogo en el que sentí como mi rumbo iba girando unos cuantos grados con cada frase, hasta que, en pocos minutos, mi viaje acabo por darse la vuelta.

-¿Tu ibas a Burkina no?

-Si, esa es mi intención –conteste.

-Te resultaron interesantes los dogón?

-Bueno, la verdad es que pase unos días fantásticos con ellos, pero solo conocí el sur, la zona más turística.

-Igual merece la pena acercarnos hasta allí…

Abati dudo por un momento pero, de repente, aviso a Pablo por la radio, dio media vuelta y sin dejar ni un hueco a la duda, afirmó:

-Vamos a entrar por el norte de la falla. Si encontramos algún material, nos quedamos, y si no, seguimos y te dejamos cerca de Burkina.

Lo mejor de no tener planes es que cualquier plan de viene bien y, por tanto, es bastante complicado que las cosas salgan mal. Siempre he confiado mucho en esa máxima, asi que decidí dejarme llevar y aceptar los cambios como fuesen viniendo.

Entramos por una pista y, al poco, los GPS dejaron de marcar población alguna. Avanzábamos con la única ayuda de la brújula y, lógicamente, nos perdimos. Un agricultor nos puso sobre la senda buena y, ya paralelos a la falla, divisamos un poblado. Era Ogogueri, un lugar que ni siquiera aparece en los mapas y al que el turismono se ha asomado aun. El pueblo entero salio a recibirnos, los niños nos rodeaban, las mujeres ser reían y todos, como si hubiera llegado el circo, quedaban fascinados ante las dos moles de las que se habían bajado esos cuatro blancos. Caía la tarde y, entre la multitud, decidimos montar el campamento.

Nos enseñaron el pueblo, nos presentaron a los ancianos y nos ayudaron a encender el fuego. Cada uno de nuestros pasos era seguido por cientos de ojos inquietos que encontraban novedoso todo cuanto nos rodeaba. Abati decidió quedarse, esperar y ver lo que salía de allí. El, además de antropólogo y filosofo, es medico especialista en medicina tropical y siempre pasa consulta en los pueblos que visita. Cuando se corrió la voz de que había un medico en la zona, Ogogueri se lleno de gente y salir de allí se fue volviendo cada vez mas complicado. Al final, pasamos cuatro días en el poblado, una experiencia intensa, profunda y altamente gratificante. Al mismo tiempo, mis posibilidades de ir a Burkina se iban esfumando y eso me creo cierta ansiedad (la que siempre lleva implícita la incertidumbre) así que, cuando pasaron tres días sin que nada pareciera moverse, llego un momento en el que tenía que tomar una decisión, y decidí quedarme. Abortar un plan supone, en muchos casos, una liberación, el despego de una idea que, a la postre, descubrí que me estaba encajonando en el tiempo. En un solo chasquido pase de estar calculando los días que me quedaban a tener margen de sobra, y la tranquilidad, como si se hubiera activado un resorte en mi interior, se adueñó completamente de mí.

Después de cinco días juntos me sentía totalmente integrado en la expedición. Mientras Abati y Patricia pasaban consulta, Pablo y yo grabábamos y fotografiábamos la vida cotidiana de los dogón. Como Abati se quedo sin cámara, me pidió que me encargara de documentar con fotos todo aquello que me resultara interesante y ya de paso le ayudaba a Pablo, que siempre iba cargado con todo el equipo. Era justo lo que necesitaba para no sentirme una carga así que no tarde en empezar a disfrutar como un niño. Además, aprendí mucho sobre los dogón.

Las familias son patrilineales y los hombres, polígamos. Generalmente tienen dos mujeres que compran por un precio que oscila, dependiendo del nivel adquisitivo de la familia, entre los 25.000 y los 50.000 CFA. Viven en la casa de los padres de el, aunque cada mujer tiene su recinto propio. Si bien esta organización resulta económicamente rentable y altamente beneficiosa para el hombre, socialmente es demoledora porque las mujeres, por más que tienen asumida su cultura, sufren mucho y se llevan muy mal entre ellas. Las familias, como caracteriza a las sociedades agrarias, son muy numerosas, lo cual, aunque supone mano de obra segura para el futuro, implica pobreza y desnutrición en el presente.

Las niñas sufren la ablación del clítoris a los dos anos y a los niños se les hace la circuncisión a los quince. El deseo y el placer sexual es patrimonio único y exclusivo del hombre en general, la llegada del Islam esta siendo muy perjudicial para la cultura dogón. El carácter invasivo e intolerante del fundamentalismo islámico esta haciendo desaparecer algunas de sus senas de identidad más características, como los hogón, antiguos chamanes que antaño eran los guías espirituales de los poblados. Aunque muchos de sus ritos se mantienen, no son pocos los que han sido sustituidos por los islámicos y la verdad es que, durante estos días, tuve la sensación de estar asistiendo al declive de una cultura centenaria.

El tercer día por la tarde se acerco al poblado una extraña mujer que lucia vistosos abalorios. Sobre su cabeza portaba una calabaza llena de leche cuajada que pretendía vender en Ogogueri. Era una mujer pele, una tribu distinta a los dogón de la que hay algunos asentamientos en la llanura que desemboca en Burkina. Abati decidió visitarlos y pasamos tres días más allí.

Los pele, a diferencia de los dogón, son ganaderos seminómadas. La presencia de la leche en su dieta les garantiza un aporte de calcio y proteínas que mejora notablemente su alimentación con respecto a los dogón. Viven en chozas de cana y paja y, aunque cada cierto tiempo se mueven, suelen permanecer largos periodos en un mismo terreno sobre el que cultivan, además, algo de mijo. La poligamia no es compatible con la mentalidad nómada así que los hombres pele tienen una sola esposa. En su organización social, la mujer esta mas valorada que en la cultura dogón y su papel, piedra angular del núcleo familiar, esta también mucho mas reconocido. Los niños pastorean el ganado desde muy pequeños mientras las niñas pasan horas triturando mijo o arreglando las chozas. En términos generales, el optimismo y el grado de satisfacción de los pele parecía mayor que el de los dogón y yo me sentí particularmente feliz entre ellos.

Después de una semana con mi mosquitera como único resguardo, sentí que en Tombouctou me habían tocado las mejores cartas posibles y es que el destino premio mi fidelidad con unos días absolutamente maravillosos. Sin duda, viajar hasta donde alcancen tus sueños garantiza la aventura porque, como dice Reverte, la aventura es el recorrido de los sueños. Si el sueno es la naturaleza que conforma el corazón humano, viajar se convierte casi en una obligación, en la llama necesaria para mantener siempre viva la pasión del existir. Vagar sin destino, sin mas brújula que la intuición y con el azar como único equipaje, me acerco mucho a ese lado errante de mi alma que tanta fuerza tiene en mi y es que, quien sabe, igual al final acabo descubriendo que, después de todo, yo también tengo algo de nómada

servido por gustavoporras 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

pablo

pablo dijo

Quizás egoístamente necesitaba saber de ti. Saber donde estás, qué sientes, qué piensas... Imagino que estará siendo increible. Un abrazo.

27 Agosto 2007 | 12:50 AM

Mere

Mere dijo

¡Cómo te echaba de menos!! Esto me da para aguatar unos días más hasta que por fin te vea y me cuentes en persona. Disfruta lo que queda, Gus, y ultreia!

27 Agosto 2007 | 01:22 PM

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Decía Bucay que un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda. Yo me identifico mucho con esas palabras y supongo que alguien así debo ser yo. Las piezas que me vaya encontrando en el camino las dejaré por aquí y así nos vamos descubriendo en el placer de compartir. Sentiros como en casa porque aquí sois bienvenidos :-)

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