You are a lucky man
Ségou, Mali, a 5 de Agosto de 2.007
Decía un explorador francés que la aventura es la única manera de ganarle tiempo a la muerte así que, de estar en lo cierto, creo que el otro día conseguí unos cuantos anos de vida para mi haber. El vuelo de Royal Air Maroc retraso su salida más de una hora, tiempo en el que conocí a un cooperante francés que llevaba unos meses en Mali y cuyos consejos me ayudaron a definir un poco más mi viaje. La conversación avanzaba sobre el mapa, trazando posibles itinerarios y marcando lugares de interés hasta que le comente mis pretensiones de pasar la noche en el aeropuerto de Bamako. Entonces su rostro se torno mucho mas serio y, sin dejar lugar a la duda, me dijo que eso no era posible. Cuando le comente que no tenia reserva empezó a barajar opciones para tratar de encontrar una solución pero, desde luego, todas pasaban por dejar el aeropuerto a
En el avión conocí a Fredy, un suizo un tanto extraño que en ningún momento me genero un ápice de confianza. Su novia lo estaba esperando en Bamako, donde tenían una reserva, así que pensé que, si compartía el taxi con el hasta el hotel, quizás pudiera encontrar una cama allí. Tras tres horas de vuelo tomamos tierra enel aeropuerto de Bamako y nada mas bajar las escaleras del avión comprendí el rostro del cooperante francés. Si llegar de noche a una ciudad desconocida ya es una dificultad, hacerlo por el aeropuerto empieza a ser un problema, pero, desde luego, aterrizar en Bamako a las tres de la madrugada es, simplemente, una locura.
La humedad y el cansancio hacían pesado nuestro caminar por la pista de aterrizaje y el panorama que nos encontramos en el interior de la terminal no ayudo en absoluto a levantar el ánimo. Había desorden y caos, y la gente se agrupaba entre un parsimonioso policía, que repartía los papeles de entrada en el país, y una cochambrosa oficina de cambio, cuyo trabajador parecía perdonarte la vida por cambiarte unos cuantos euros. Solo una policía controlaba los pasaportes y, tras el trámite correspondiente, fuimos a recoger las maletas a la única cinta del aeropuerto. Ahí empezaron a acosarnos los taxistas y, al poco,mientras nosotros les dábamos largas, llego mi mochila. La del suizo no.
Varios locales nos acompañaron a la oficina de reclamaciones y tras presentar la queja, decidimos irnos con dos malienses. Unos de ellos hablaba español y tenía por nombre Mamadou. Desde el primer momento sentí que estábamos en clara desventaja. Eran las cuatro de la mañana y la noche estaba completamente cerrada en un Bamako sin apenas iluminación. Negociamos el precio del transporte y ellos trataron de llevarnos a un hotel que conocían. Argumentaban que, a esa hora, el hotel del suizo estaría cerrado y que era mejor ir a descansar a algún sitio y acercarnos por
Cuatro y media de
Cinco de
Al poco tiempo llegamos a un hotel y un trabajador nos guió con una linterna hasta una modesta habitación. Charle un momento con los malienses y, tras pagarles el taxi, se fueron. Cuando, por fin pude cerrar la puerta con la llave, podía tomarme el pulso en la camiseta y no fue hasta pasado un buen rato que empecé a respirar con normalidad. No tenía la más remota idea de donde estaba pero me encontraba a salvo, así que ya no quedaba más que esperar el amanecer. Cuando apague la luz el reloj marcaba las seis de la madrugada.
Por la mañana todo parecía distinto y, aunque no había dormido mucho, me encontraba mas tranquilo. Baje las escaleras y una cara llena de bondad me ofreció un desayuno. Era Allaye, el dueño del hotel, una persona realmente increíble. Luego apareció Teresa, una castellana que una vez vino a Mali, se enamoro de Allaye y lo dejo todo por el. Poco a poco todo empezaba a ir mejor. Cuando le conté la historia, Allaye sonrió:
-You are a lucky man!. Mamadou is a good person.
Teresa lo corroboro y me dijo que podía confiar en el plenamente. Poco después llego al hotel y la tensión de la noche parecía haberse disipado. Era momento de planificar el día y solucionar algunas cosas. Allaye me comento que posiblemente pudiera conseguir el visado de Burkina en la frontera pero que igual tenía que esperar un día y, además, hacer luego una extensión en
Sabia que tenia que contratar un guía para el País Dogon y, tras preguntarle a Teresa, decidí hacerlo con Mamadou. Habla perfectamente español y es una persona honesta y servicial así que considere que era mi mejor opción. El precio había que negociarlo así que fuimos a casa de unos amigos a comer. Entre en un salón lleno de hombres sentados alrededor de una mesa. Poco después llegaron las mujeres y dejaron la comida en medio de
Mi primera jornada en Mali me devolvió la emoción, la tensión, la incertidumbre y las preguntas que caracterizan a los grandes viajes. A pesar de los kilómetros que arrastra mi mochila, tengo la sensación de estar comenzando de nuevo y es que, como dice Javier Reverte, viajar tiene algo de nacimiento.

pablo dijo
Te he leído en voz alta, Inma escuchándome. Parecía que estábamos leyendo una novela de aventuras...
Suerte amigo. Suerte hermano.
Un fuerte abrazo.
5 Agosto 2007 | 11:43 PM