Entre Fez y Marrakech
En Marrakech, a 25 de Julio de 2.007
El autobús nos dejó muy cerca de la medina, a los pies de uno de los cementerios de
Justo al lado de la puerta se encuentra el hotel Cascade, el albergue perfecto para el amante de la mochila, un lugar donde, desde el primer momento, me sentí como pez en el agua. Su terraza, donde por la noche duermen muchos viajeros, es un punto de encuentro maravilloso, un espacio sin fronteras ni lenguas oficiales, un recinto donde la brisa es liviana y en el que el viento que corre tiene por nombre libertad. Desde la azotea se divisa una vista increíble de los tejados de Fez, una maraña de ladrillos, adobe y cables cruzados interrumpida, a veces, por los minaretes de las múltiples mezquitas que salpican aleatoriamente
Su medina es la mas grande y compleja de Marruecos y perderte en ella es una condición insalvable. Los callejones forman un laberinto sin solución donde solo los locales consiguen moverse con acierto así que no fueron pocas las veces que tuvimos que recurrir a ellos para salir de algún aprieto. De todo cuanto vi, las curtidurías fue lo que mas me impactó.
Allí se sigue trabajando la piel con los mismos métodos tradicionales de
Al día siguiente continuamos nuestra ruta por Mekinez, la que fue capital del sultanato marroquí con Mulay Ismail, y que es considerada por muchos como la tercera de las Ciudades Imperiales. La primera impresión que tuve en la larga caminata hasta el hotel fue la de estar en una ciudad mucho mas provinciana. Del duro acoso de Fez pasamos a una mayor tranquilidad en la que la gente parecía más afable y menos interesada. A parte de un paseo por la medina y la visita de algunos monumentos, lo mejor de Meknes es la vida que cobra la place el-Hedim por
Por la mañana nos esperaban las ruinas de Volubilisy, desde luego, visitarlas sin vehiculo propio no es tarea fácil. Sabíamos que desde el Instituto Francés salían grandes taxis para Mulay Idris, la población más cerca a Volubilis, así que fuimos hasta allí con la intención de encontrar a alguien con quien compartir el trayecto. No tardamos mucho en vernos enlatados dentro de un Mercedes 200 D, junto a cinco locales mas con los que no cruzamos palabra en los mas de treinta kilómetros de viaje.EnMulay nos indicaron el camino a Volubilis, que está como a unos 5 kilómetrosde allí. El calor apretaba y el pasopor el asfaltono era precisamente agradable así que decidimos hacer autostop. Nos cogieron enseguida y en unos pocos minutos llegamos a la entrada de las ruinas. Tras la visita teníamos claro cual iba a ser la manera de volver a Mulay y, nada mas levantarel dedo, ¡nos volvió a coger el mismo que nos había traído! A medio camino vimos a unas amigas que caminaban hacia las ruinas así que le pedimos al conductor que nos dejara allí y aprovechamos para saludarlas. Después volvimos a hacer autostop y llegamos sin problemas a Mulay desde donde tomamos otro grand taxi que nos llevo de vuelta a Meknes.
En la bajada a Marrakech decidimos hacer escala en Rabat, una ciudad moderna, de avenidas grandes y edificios que recuerdan al pasado colonial. Aunque la atmósfera es relajada para el turista, la vida interior de Rabat es intensa y el ajetreo de sus calles constante, especialmente por la noche, cuando algunas avenidas se cierran al tráfico y la gente las llena hasta hacerlas rebosar.
Sobre Marrakech... Aun necesito tiempo para asimilarla... su plaza, sus zocos... un lugar impresionante. Os seguiré contando...

Mere dijo
mmmm... ya me estoy imaginando esas fotos... ;o)
27 Julio 2007 | 01:32 AM