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SOÑAR DESPIERTOS, CRECER SOÑANDO OBJETIVO: TOMBOUCTOU

26 Julio 2007

Entre Fez y Marrakech


En Marrakech, a 25 de Julio de 2.007


El autobús nos dejó muy cerca de la medina, a los pies de uno de los cementerios de la ciudad. Nada mas salir de la estación sentí que estaba ante una ciudad distinta, imponente, cargada de historia, un lugar que me tenia reservados momentos inolvidables. El camino hasta Bab Bou Jeloud, la entrada oeste de la medina, nos puso en situación sin dejarnos tiempo para reaccionar. De repente nos vimos envueltos en una algarabía de gente que entraba y salía por cualquier rincón de esa estrecha callejuela abarrotada de tenderetes que agarraban sus toldos a un lado y otro de la calle sin apenas dejar espacio para un respiro. El aire era caliente y estaba impregnado de aromas indescifrables que iban desde las especias más exquisitas apestilentes oloresde las verduras podridas o las carnes calentadas por el sol. Sentada en el suelo, una entrañable anciana vendía unos pimientos junto a un viejo exprimidor y una radio inservible mientras, del puesto de enfrente, lleno de mercancía hasta el techo, sobresalía una pequeña cabeza entre la larga hilera de sacos llenos de arroz, cous cous, pastas y legumbres. Sandias y melones ocupaban gran parte de la calle, coloreando de verde y amarillo el ya de por si intenso y apasionante paseo al tiempo que las abejas y las moscas cubrían, nerviosas, las frutas que quedaban abiertas, buscando su dulce recompensa entre los mugrientos estantes del mercado.

Justo al lado de la puerta se encuentra el hotel Cascade, el albergue perfecto para el amante de la mochila, un lugar donde, desde el primer momento, me sentí como pez en el agua. Su terraza, donde por la noche duermen muchos viajeros, es un punto de encuentro maravilloso, un espacio sin fronteras ni lenguas oficiales, un recinto donde la brisa es liviana y en el que el viento que corre tiene por nombre libertad. Desde la azotea se divisa una vista increíble de los tejados de Fez, una maraña de ladrillos, adobe y cables cruzados interrumpida, a veces, por los minaretes de las múltiples mezquitas que salpican aleatoriamentela ciudad. Cuando cae la tarde, el sol pinta con su brocha implacable las colinas cercanas mientras miles de pájaros avión cubren el cielo con sus vuelos eléctricos y sus cantos desconcertantes. Con las primeras estrellas, suenan las mezquitas, que parecen presentar la noche mientras llaman a la oración. Cuando pasa un tiempo, resulta absolutamente imposible resistirse a los brazos de una ciudad como Fez, un lugar tan difícil de describir como de imaginar.

Su medina es la mas grande y compleja de Marruecos y perderte en ella es una condición insalvable. Los callejones forman un laberinto sin solución donde solo los locales consiguen moverse con acierto así que no fueron pocas las veces que tuvimos que recurrir a ellos para salir de algún aprieto. De todo cuanto vi, las curtidurías fue lo que mas me impactó.

Allí se sigue trabajando la piel con los mismos métodos tradicionales de la Edad Media. Tras varios procesos de lavado, los cueros de cabra, oveja, vaca o camello se tiñen con tientes naturales en las pozas centenarias tan características de la ciudad. El olor es insufrible ya que, al propio de las pieles, se suman el de los excrementos de paloma o el de la orina de vaca, productos utilizados en abundancia a lo largo del proceso. Con todo, la visita fue increíble y nos acercó a la Fez más profunda y antigua.

Al día siguiente continuamos nuestra ruta por Mekinez, la que fue capital del sultanato marroquí con Mulay Ismail, y que es considerada por muchos como la tercera de las Ciudades Imperiales. La primera impresión que tuve en la larga caminata hasta el hotel fue la de estar en una ciudad mucho mas provinciana. Del duro acoso de Fez pasamos a una mayor tranquilidad en la que la gente parecía más afable y menos interesada. A parte de un paseo por la medina y la visita de algunos monumentos, lo mejor de Meknes es la vida que cobra la place el-Hedim por la tarde. Los niños juegan a la pelota, los ancianos cuentan historias, los músicos tocan sus viejos instrumentos, las mujeres observan mientras el trasiego de gente entre la plaza y el mercado no cesa en ningún momento. Parece como si Mequinez se calentara durante el día para romper a hervir por la tarde.

Por la mañana nos esperaban las ruinas de Volubilisy, desde luego, visitarlas sin vehiculo propio no es tarea fácil. Sabíamos que desde el Instituto Francés salían grandes taxis para Mulay Idris, la población más cerca a Volubilis, así que fuimos hasta allí con la intención de encontrar a alguien con quien compartir el trayecto. No tardamos mucho en vernos enlatados dentro de un Mercedes 200 D, junto a cinco locales mas con los que no cruzamos palabra en los mas de treinta kilómetros de viaje.EnMulay nos indicaron el camino a Volubilis, que está como a unos 5 kilómetrosde allí. El calor apretaba y el pasopor el asfaltono era precisamente agradable así que decidimos hacer autostop. Nos cogieron enseguida y en unos pocos minutos llegamos a la entrada de las ruinas. Tras la visita teníamos claro cual iba a ser la manera de volver a Mulay y, nada mas levantarel dedo, ¡nos volvió a coger el mismo que nos había traído! A medio camino vimos a unas amigas que caminaban hacia las ruinas así que le pedimos al conductor que nos dejara allí y aprovechamos para saludarlas. Después volvimos a hacer autostop y llegamos sin problemas a Mulay desde donde tomamos otro grand taxi que nos llevo de vuelta a Meknes.

En la bajada a Marrakech decidimos hacer escala en Rabat, una ciudad moderna, de avenidas grandes y edificios que recuerdan al pasado colonial. Aunque la atmósfera es relajada para el turista, la vida interior de Rabat es intensa y el ajetreo de sus calles constante, especialmente por la noche, cuando algunas avenidas se cierran al tráfico y la gente las llena hasta hacerlas rebosar.

Sobre Marrakech... Aun necesito tiempo para asimilarla... su plaza, sus zocos... un lugar impresionante. Os seguiré contando...

servido por gustavoporras 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mere

Mere dijo

mmmm... ya me estoy imaginando esas fotos... ;o)

27 Julio 2007 | 01:32 AM

udochenta

udochenta dijo

Qué alegría leerte

27 Julio 2007 | 11:39 PM

Pablo

Pablo dijo

Ojalá tu blog pudiese transmitir los olores y sabores, ojalá te pudiésemos dar un abrazo en este momento para agradecerte lo que nos haces sentir...

29 Julio 2007 | 12:22 PM

María

María dijo

Te leo y revivo tantas sensaciones... el laberinto de Fez, la sosegada y marítima Rabat, la africana Marrakech... Se me vienen muchas imágenes y sé de sobra que lo estarás disfrutando... Ahora puedo sentir especilamente el sonido de la llamada a la oración en Marrakech, al atardecer, tomando un té en la terraza del albergue. Disfrútalo... no queda nada para Mali.

31 Julio 2007 | 11:17 AM

Gus

Gus dijo

Gracias a todos por seguirme!!! Me alegra tanto entrar aqui y encontraros... Abrazo enorme desde Casablanca!

31 Julio 2007 | 09:26 PM

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Decía Bucay que un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda. Yo me identifico mucho con esas palabras y supongo que alguien así debo ser yo. Las piezas que me vaya encontrando en el camino las dejaré por aquí y así nos vamos descubriendo en el placer de compartir. Sentiros como en casa porque aquí sois bienvenidos :-)

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