Kota Kahuaña
Copacabana, Lago Titicaca, a 10 de Agosto de 2.006
"Dicen que me fui del barrio... cuándo, pero cuándo si siempre estoy llegando..."
Aníbal Troilo
Copacabana es un lugar con duende y desde luego algo tiene que atrapa porque no son pocos los que llegaron y encontraron aquí su lugar en el Mundo. Este emplazamiento forma parte, desde tiempos ancestrales, de la mitología, la religión y la espiritualidad y a día de hoy sigue siendo el lugar de peregrinación más importante de Bolivia. Frente al lago Titicaca y flanqueada por los cerros Calvario y del Niño, la pequeña villa goza de una situación privilegiada de la que ya dieron cuenta las culturas primitivas que habitaron este paraje. Durante el dominio inca, Copacabana se convirtió en paso obligado de todos los emperadores en su peregrinaje anual a la Isla del Sol, meca de la cultura incaica, siendo de especial relevancia el observatorio astronómico desde el que predecían las bondades de los tiempos venideros durante el solsticio de verano.
La Virgen de Copacabana, la más milagrosa de entre todas las que contempla la cultura popular boliviana, atrae hoy a miles de peregrinos que acuden a ella en cumplimiento de promesas o simplemente para recibir la bendición divina que de ella se desprende. Especialmente poderosa es la mediación de esta Virgen con los conductores y por eso es tradición venir aquí a bendecir los vehículos. Durante todo el día, largas colas de autobuses, camiones o coches particulares decorados con guirnaldas y papeles de colores esperan pacientes la llegada de su turno para ser rociados con agua bendita y asegurarse así una conducción segura. Cuando termina la ceremonia hacen explotar largas tracas de petardos y bañan el vehículo con cerveza dejando siempre un último trago para la Pachamama.
En Copacabana se funden la cultura cristiana con la santería tradicional y no son pocos los ritos que son oficiados por chamanes locales. En la subida al calvario hay una explanada con diversos altares alrededor de los cuales se concentran familias enteras que arrodilladas y en silencio reciben las oraciones de los curanderos. En el rito utilizan quemadores de incienso, hojas de coca y papeles de colores y siempre terminan brindando con cerveza. En lo alto del cerro se levantan varios monolitos de piedra coronados por cruces cristianas en cuyos laterales se amontonan los mensajes escritos con la cera de las velas. Allí, cientos de peregrinos encienden fuegos alrededor de los cuales musitan sus oraciones.
Desde lo alto del Calvario disfruté de un atardecer inolvidable que acabó encendiendo el horizonte como si se tratase de una hoguera gigante. La noche acabó apagando los últimos rayos de sol y selló el día en el que me sentí más cerca de la profunda cultura de este pueblo que día tras día me va embaucando hasta el encantamiento.
